Perú es un país extraordinario. Su geografía, gente, historia dan cuenta de una nación viva, creativa, luchadora que ha logrado levantarse de diversas y graves crisis.

Sin embargo, también ocurren hechos terribles contra personas y comunidades. La pobreza y la pobreza extrema son altas, afectan a millones de peruanos y peruanas. Perú es uno de los países latinoamericanos con más altas tasas de abusos contra mujeres, niños y niñas. La discriminación racial, de género, económica, e incluso por el idioma hacen parte de una triste realidad cotidiana. Lamentablemente los derechos humanos son sólo letra muerta para no pocos ciudadanos.

Con todo, nuestro país está cambiando. Cada día más ciudadanos son conscientes de lo que sucede alrededor y están dispuestos a unir esfuerzos para acabar con estos males sociales.

Niñez en riesgo

Nos preocupa el alto índice de la violencia sexual, violencia física, trata de menores y discriminación por situación de discapacidad que afecta a los niños, niñas y adolescentes. Hay factores de riesgo como la carencia o debilidad de instituciones públicas o servicios en comunidades pobres, la mala calidad de esos servicios y factores culturales que justifican el uso de la violencia para corregir o formar a los hijos.

Un caso que conmovió fue el de Yuri, niña de tan solo ocho años, que el 2003 fue horrendamente abusada y luego asesinada en un pequeño pueblo en Huánuco. Finalmente el crimen quedó impune. Casos como éste muestran que el sistema judicial peruano no cubre la demanda de justicia de millones de personas que viven debajo de la línea de la pobreza.

Por ello, es necesario el desarrollo de una actitud crítica que cuestione las relaciones de violencia de género y prácticas culturales autoritarias y machistas.

Pueblos indígenas

Se observan tendencias de cambio tanto en las comunidades amazónicas como en las comunidades campesinas: el acaparamiento de tierras, la pérdida de la identidad comunitaria y la emergencia de nuevas demandas entre las comunidades indígenas. La contaminación de sus territorios.

El acaparamiento de las tierras es un fenómeno que afecta tanto a las comunidades amazónicas como a las comunidades campesinas de la zona andina. La pérdida de tierras comunales influye directamente en la migración especialmente de la juventud hacia las ciudades y su inserción en nuevas actividades. Los comuneros que se quedan en las comunidades se van volviendo peones. Ambos procesos van debilitando las tradiciones y prácticas comunales, así como los derechos comunales.

Sin embargo, los derechos de los Pueblos Indígenas y la identidad comunal cobran importancia entre los grupos que mantienen la lucha por la tierra (reconocimiento y titulación), como los Shawis y Kichwas. En esta lucha por la seguridad del territorio se desarrolla el sentimiento de pertenencia al pueblo Shawi y al pueblo Kishwa; la valoración de la lengua, los saberes ancestrales y la cosmovisión. La hipótesis de trabajo: identidad comunal y la redefinición de la cultura fortalecen la defensa del territorio y viceversa.

Otro aspecto a considerar es la presencia cada vez más importante de los jóvenes y mujeres en la defensa de la tierra y en los proyectos relacionados con la agricultura, el turismo y otras actividades. Citamos el caso de los jóvenes de Quispillaccta (Ayacucho), que han tenido acceso a estudios universitarios, promueven la identidad cultural ligada a la gestión del agua y el rescate de los saberes ancestrales.

Los niños y niñas en Apurímac carecen de una buena educación en su propio idioma: el quechua, lo que afecta su aprendizaje escolar. Con pocos y pobres conocimientos tendrán menos oportunidades de desarrollo personal, volviendo a caer en el círculo de la pobreza.

Violencia de género

El Perú sigue ocupando el tercer lugar en violaciones sexuales a nivel mundial, luego de Bangladesh y Etiopía. El Índice de Tolerancia Social de las personas en relación a la violencia familiar hacia las mujeres es muy alto, llegando al 54.8%. (Fuente: Ministerio de la Mujer del Perú)

Sobre la violencia en los hogares, las estadísticas señalan que un 40% de mujeres fueron maltratadas por sus parejas (Instituto de Estadística e Informática – INEI). Lo mismo ocurre con las niñas y niños, que son maltratados y muchas veces abusados por personas cercanas a ellos y ellas. Se sabe que el maltrato daña de manera muy intensa a las personas que lo han padecido y, que estas pueden replicarla, como víctimas o agresores. La violencia va creciendo pero, también, las denuncias se incrementan por la disminución de la tolerancia hacia la violencia familiar de cualquier tipo, y sea quien fuere el/la agresor/a.

Es importante considerar que cada vez son más las mujeres que participan económicamente en el mantenimiento del hogar; son las mujeres, convertidas en emprendedoras, las que luchan por una mejor calidad de vida para sus familias. En este grupo de mujeres disminuye la tolerancia al maltrato del varón. Al rechazar el abuso de poder masculino, algunas mujeres reproducen los comportamientos agresivos de sus parejas. De cualquier modo, se percibe un cambio social importante en las relaciones entre varones y mujeres.

Post Conflicto

Los familiares de personas asesinadas y desaparecidas durante el duro conflicto armado ocurrido en las décadas de los 80 y 90 que tuvo que vivir nuestro país, y que han dejado heridas sociales difíciles de sanar.

Más de 15 mil peruanos están desaparecidos y sus familiares viven con la incertidumbre o esperanza de encontrarlos en algún momento.

El 28 de agosto del 2003, la Comisión de la Verdad y Reconciliación entregó su Informe Final al país. Lo hizo cumpliendo el encargo de investigar los crímenes y violaciones de derechos humanos cometidos entre 1980 y 2000, brindando una explicación de los factores que hicieron posible el conflicto, y haciendo recomendaciones para resarcir el daño infligido a miles de compatriotas, evitar la repetición de esos trágicos hechos, y abrir el proceso de reconciliación. Han transcurrido casi 15 años desde entonces y, aunque hay evidentes avances, no se han superado dificultades y limitaciones para implementar sus recomendaciones (reparaciones a las victimas, justicia, reformas institucionales, búsqueda de los desaparecidos).

Gestión de Riesgo de Desastres

El cambio climático es un proceso global de transformación de condiciones climáticas con impacto en todas las dimensiones de la vida de los pueblos. Los especialistas sostienen que hay dos formas básicas para afrontarlo: la mitigación y la adaptación. La mitigación se puede llevar a cabo mediante el desarrollo de la Gestión del Riesgo de Desastres, basado en el uso de tecnologías modernas y de saberes ancestrales que desarrollan las comunidades; por otro lado, desde la óptica de la mitigación, se debe promover cambios en las actitudes/comportamientos de grupos sociales en el cuidado del medio ambiente y fortalecer las acciones de incidencia en las políticas de cuidado del medio ambiente especialmente en las zonas de desarrollo de las industrias extractivas (minería, hidrocarburos, agroindustria, monocultivos en gran escala).

Tenemos una débil cultura de prevención de riesgo de desastres por parte de los gobiernos subnacionales. No se invierte en drenajes pluviales, en ordenamiento del territorio para proteger de posibles afectaciones en casos de movimientos sísmicos o desbordes de ríos, etc.