La Esperanza en situaciones difíciles

Por Andrew Moment

 

En mayo, fui a trabajar con Paz y Esperanza en Huánuco, junto con un equipo de 20 voluntarios de la Universidad Judson, ubicada en las cercanías de Chicago.  Trabajamos en la Casa del Buen Trato “Hovde” durante  una semana.  Cuando llegamos, yo no sabía qué iba a pasar.  Desde el primer momento que entré a la Casa, me sentía acogido y amado por todas las chicas que reciben apoyo del albergue. 

Honestamente, yo no pensé sentirme así,  recibiendo tanto amor, porque sabía que muchas de ellas tienen una historia dolorosa.  Después de poco tiempo, intenté relacionarme con ellas  con las pocas palabras que sabía en español.  Creo que las chicas se reían de nosotros pero apreciaban nuestro intento de comunicarnos en su propio idioma y parecían disfrutar hablando con nosotros. 

Al reflexionar sobre el  tiempo que pasé en la Casa Hovde, me doy cuenta que llevo conmigo  muchos aprendizajes y gratos recuerdos.  El personal me enseñó con su ejemplo el valor de cuidarlas con mucho amor.  Recordaré las desbordantes sonrisas, llenas de esperanza, que siempre me contagiaron, haciéndome sonreír muchísimo.  Nuestro equipo fue impactado al ver los avances de Paz y Esperanza implementando su enfoque integral  en el servicio. Ellos no sólo buscan la rehabilitación de las víctimas sino también la justicia.

La moraleja más grande que nuestro equipo adquirió fue que no hay ninguna circunstancia tan mala que haga que perdamos la esperanza.  Jesucristo está  con cada persona en el lugar donde esté.  Las mujeres del albergue han sufrido cosas horribles pero “Paz y Esperanza” comparte el amor de Cristo con ellas, cuidándolas y amándolas.  Nuestro tiempo con Paz y Esperanza  desafió a todo nuestro equipo;  admiramos mucho el trabajo que cada uno de los miembros que conocímos en este tiempo.