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Historia

La decisión de instalar una oficina de Paz y Esperanza en Ayacucho no se tomó el 2002 sino mucho antes. A decir verdad para nuestra institución Ayacucho era, y es, un espacio natural y tiene relación con un capítulo muy significativo de la historia de la iglesia evangélica del Perú. Una parte de la historia que es también la historia de Paz y Esperanza, nuestra historia.

Paz y Esperanza está pues íntimamente vinculada a Ayacucho. El asesinato de nuestros hermanos presbiterianos en Callqui que ocurrió en 1984 provoca la creación de la Comisión Paz y Esperanza en el seno de la CONEP, este hecho para la iglesia evangélica constituye el antecedente histórico de Paz y Esperanza. Nosotros, los que somos parte de Paz y Esperanza, somos herederos de ese hito si cabe la expresión. Gracias a Dios hemos continuado siendo partícipes de un proyecto misionero de justicia que creemos ha tenido cierto impacto, particularmente para las vidas de muchas personas afectadas por la violencia política.

Llegar a Ayacucho representó de alguna manera regresar al lugar donde iniciamos nuestro servicio, para participar en un proceso que intenta cerrar un tiempo doloroso para centenares de miles de personas en el Perú. Es la oportunidad de continuar dando testimonio del Dios en quien creemos, un Dios que es verdad, que es justicia, que es amor.

La oficina de Paz y Esperanza en Ayacucho fue establecida el 1 de abril del 2002 por Germán Vargas Farías y su esposa Susana Aguilar Rosales. Ambos, y sus hijas Claudia y Natalie, se trasladaron hasta Ayacucho para empezar el servicio institucional directo, formando un equipo de trabajo en los meses siguientes en el que participaron Arturo Ramos, Neri Gómez, Nélida Baca, Colleen Beebe, y Jesús Purizaca.